El Corzo del Barranco

Son los mejores recuerdos los que alimentan nuestra alma y a buen seguro este rececho quedará inmortalizado en la retina de la mía de manera eterna. Con paso lento y cansino comenzamos nuestro rececho descendiendo por unos barrancos de monte bajo, donde, y nada más comenzar ya pudimos ver una corza que plácidamente sesteaba al sol, sin embargo a mi el impresionante marco que teníamos delante (FOTOGRAFIA I) no acababa de convencerme, sabedor de la dificultad con la que nos encontraríamos en una presunta entrada a nuestros duendes si finalmente localizábamos alguno. Nuestro caminar nos fue llevando al final de aquellos barrancos y allí el panorama cambiaba ostensiblemente, donde unos prados ponían punto final a las encañadas serpeantes de aquellas cuerdas. Al poco rato conseguimos ver como un corzo realizaba la danza de las brujas alrededor de una corza, dibujando ochos y más ochos tras ella en sus carreras; monto el Leica y a 30 aumentos me certifica un corzo bien formado, muy oscuro de color, con no grandes luchaderas pero bien de altura, así que..¡¡vamos allá!! El telémetro me susurra que estoy a 428 metros de la gloria cinegética, demasiada distancia para querer emular a Búfalo Bill, sin embargo “los despistes” de nuestro fantasma en sus correrías tras la corza, los aprovecho para ir recortando distancia; tras dos aproximaciones consigo ponerme a 270 al tiempo que el corzo ataca con virulencia a un grupo de retamas que parece que le deben algo en los vértices del prado, la corza desaparece de la escena,…última aproximación, sé que habré ganado otros 40 metros. El corzo ahora pasta tranquilo en el centro del prado y camina de frente lentamente hacia mi; sé que ha llegado el momento, envío mis posaderas a cumplir lo que mejor hacen, abro el trípode en su primer cuerpo,…subo de 4 a 5 los aumentos, necesito que se cuartee nuestro amigo; se para, toma los vientos, vuelve a pastar,….¡¡ufffff!!…parece querer girar a su derecha, me ofrece su costado, es el momento….¡¡PAM!! el sonido del disparo revienta el sosiego del paraíso que estábamos disfrutando, el corzo sale a la carrera, a trompicones, claramente pegado y desaparece tras unos arbustos.

Me aproximo con cautela en prevención de que pueda en un último suspiro de vida arrancar una última carrera que me complique el cobro, pero no, allí está para entregarme su trofeo y un lance inigualable. Risas, sonrisas cómplices del éxito(FOTOGRAFÍA II), pero…¡¡ay dios mio!! que hay que sacar este animal de aqui, son las diez y cuarto de la noche y estamos en el fondo de un barranco a varios kilómetros del coche. Decisión salomónica, aviamos el animal, nos llevamos su trofeo y dejamos el cuerpo colgado de un árbol que evite que alguna alimaña pueda darse un festín a nuestra cuenta (FOTOGRAFIA III) bajo el juramento de que a la mañana siguiente y nada más romper el día, con otro vehículo más adecuado podamos acercarnos todo lo necesariamente posible. Comenzamos el regreso felices con el lance vivido, pero las cuestas se encargan de cambiarnos las sonrisas por sudor y más sudor,…¡¡menos mal que los 20 Kilos de carne quedaron allá abajo!!. Cenamos con un grupo de amigos, revivimos el lance y el sufrimiento, lo disfrutamos (FOTOGRAFIA IV), pero ya lo decía mi madre, -Noches alegres, Mañanas Tristes…ain embargo, una promesa es una promesa y fieles a nuestra palabra con las primeras luces del día allá estábamos de nuevo para cumplir con un compromiso justo en el que el aprovechamiento del lance, el trofeo y la carne avalen nuestro deporte. (FOTOGRAFIA V)…Después, las otras imágenes son el fruto del cansancio, la broma, la amistad y …..LA CAZA.

ÓSCAR GARRIGA